Tres poemas cortos
Poesía - “Sin título”, “Enajenación” y “Centro de todas las miradas”
Phillip Mothman
9/7/20263 min read


Fotografía: Phillip Mothman
“Centro de todas las miradas”
Soñé con un mundo mirando mi nombre,
con voces que al fin pronunciarán mi ser;
mas siempre que el alba empezaba a asomarse,
corría a esconderme por miedo a crecer.
Construí mil puertas, cerré sus cerrojos;
escribí mil cartas que nunca envié.
Pedía ser visto con tristes antojos,
pero ante la luz yo mismo escapé.
Decía al destino: «No tuve fortuna»,
culpando al azar de mi oscuridad;
sin ver que era mi propia mano importuna
quien daba la espalda a la oportunidad.
Hoy dejo la puerta apenas abierta,
aunque entre el temblor de mi corazón;
prefiero una herida que siempre esté cierta
a toda una vida soñando un blasón.
“Sin título”
Te amé en silencio, como ama la luna
al sol que jamás la podrá mirar;
ella lo persigue con fe oportuna,
él nace de día... y la hace callar.
Te vi floreciendo entre mil jardines,
yo era la raíz que nadie encontró;
tú fuiste el destino de otros confines,
yo, el viejo camino que nadie tomó.
Guardé mis palabras detrás de los dientes,
como quien resguarda un cristal de dolor;
hay nombres que viven por ser inocentes,
y mueren si escuchan la voz del amor.
Jamás fui tu puerto, ni fui tu bandera,
tan solo la brisa rozando tu piel;
el hombre que espera la primavera
sabiendo que el campo no florece en él.
Y aun así te quise con toda mi suerte,
sin pedir un gesto, ni un falso quizá;
pues amar no siempre consiste en tenerte,
sino en que tu dicha me baste... y ya.
“Enajenación”
Cada pincelada devora un latido,
cada nueva estrofa reclama mi voz;
mi rostro en el vidrio parece vencido,
pero arde la obra como un nuevo dios.
Mi madre me llama; respondo al silencio.
Mi amante se duerme sin verme volver.
Yo cambio los besos por este misterio,
por darle a un poema la forma de ser.
El pan de la mesa se enfría despacio,
la risa se oxida detrás del taller;
la noche me nombra, me ofrece su espacio,
y olvido que existe un mañana que hacer.
La musa no besa: desgarra la carne.
No ofrece coronas, exige la piel.
Construye palacios con ruinas del alma
y escribe su nombre grabándolo en él.






Fotografía: Phillip Mothman
Fotografía: Phillip Mothman
Fotografía: Phillip Mothman
Phillip Mothman desde el lúgubre rincón donde las certezas comienzan a descomponerse.
Su obra deambula por los corredores más sombríos de la condición humana: la obsesión, el deseo, la vanidad, el poder y aquellas miserias que el decoro habría preferido sepultar bajo terciopelo.



