No quiero una casa, quiero sentirme en casa

Escritura experimental - No sé muy bien por dónde empezar. Quizá porque últimamente siento que empezar es justamente lo que más miedo me da. A esta edad parece que todos deberían saber hacia dónde van, qué quieren, dónde quieren vivir, con quién quieren compartir la vida, qué están construyendo.

Jak.line

10/20/20263 min read

Fotografía: Alejandra Robles

No sé muy bien por dónde empezar.

Quizá porque últimamente siento que empezar es justamente lo que más miedo me da. A esta edad parece que todos deberían saber hacia dónde van, qué quieren, dónde quieren vivir, con quién quieren compartir la vida, qué están construyendo. Y yo a veces apenas estoy intentando entender dónde estoy parada.

Todo se ve distinto a los veinte y tantos.

De pronto ya no eres aquella persona que podía decir “algún día lo sabré” con tanta facilidad, porque ese algún día empieza a sentirse demasiado cerca. Te preguntan qué vas a hacer con tu vida y, aunque sonrías y respondas cualquier cosa, por dentro aparece una pregunta mucho más incómoda:

¿Y si todavía no sé?

He estado en tantas ciudades, he conocido tantos lugares, tantas personas, tantas versiones de mí misma, que a veces me da miedo darme cuenta de que no estoy ni aquí ni allá. Como si hubiera aprendido a irme, pero todavía no hubiera aprendido a quedarme.

Y qué extraño es eso.

Porque uno pensaría que después de conocer tantos lugares debería saber perfectamente dónde quiere estar, pero a veces sucede lo contrario: entre más lugares conoces, más difícil se vuelve distinguir cuál de ellos se siente como hogar.

Y creo que por eso no quiero una casa.

No hablo de paredes, de una dirección, de una sala bonita o de tener un lugar al que regresar después de un día largo. Hablo de algo mucho más difícil de encontrar.

Quiero sentirme en casa.

Quiero saber cómo se siente pertenecer.

Quiero estar en un lugar donde no tenga que pensar demasiado en cómo ocupar espacio, en si estoy siendo demasiado, en si debería cambiar alguna parte de mí para encajar. Quiero esa tranquilidad de poder sentarme en silencio y no sentir que tengo que justificar mi presencia.

Y quizá también hablo de familia.

De esa sensación de llegar y saber que puedes dejar tus cosas en cualquier lugar porque sabes que perteneces ahí. De poder contar cómo te fue, incluso cuando no pasó nada importante. De tener a alguien que conozca tus versiones más bonitas y también las que no sabes cómo explicar.

Pero también creo que casa puede ser una persona.

Una conversación.

Una ciudad.

Una amistad.

Un lugar donde por fin puedas dejar de estar a la defensiva.

Porque he conocido tanta gente. He entrado y salido de tantas vidas. He querido, he perdido, he cambiado de opinión, he cambiado de planes. Y entre todo eso he aprendido algo que todavía estoy tratando de entender: no quiero demostrar que soy mejor que nadie.

No quiero que mi vida parezca una carrera.

No quiero llegar a algún lugar solamente para poder mirar hacia atrás y decir “lo logré” mientras sigo sintiéndome vacía.

Quiero que vivir me dé paz.

Quiero despertar un día y no sentir que estoy atrasada.

Tal vez crecer también sea esto.

No tener respuestas.

Mudarte de lugares y descubrir que ninguno se siente completamente tuyo. Conocer personas y entender que no todas están destinadas a quedarse. Cambiar de sueños. Tener miedo. Volver a empezar. Preguntarte si estás haciendo suficiente, si vas por el camino correcto, si algún día vas a sentir esa certeza que todos parecen tener.

Y quizá nadie la tiene.

Quizá solamente aprendimos a fingir que sí.

Por ahora, no quiero una vida que se vea impresionante desde afuera.

Quiero una vida que se sienta bonita desde adentro.

Quiero llegar a algún lugar y respirar profundo.

Quiero mirar alrededor y pensar: aquí puedo ser yo.

Porque quizá eso es lo que realmente estoy buscando cuando digo que no sé qué quiero hacer con mi vida.

No estoy buscando solamente una profesión, una ciudad o una casa.

Estoy buscando dónde puedo sentirme en casa dentro de mi propia vida.

Y tal vez no tenga que saberlo todavía.

Tal vez por ahora está bien estar un poco aquí y un poco allá.

Tal vez también estoy aprendiendo que hogar no siempre es el lugar al que vuelves.

A veces es el lugar, la persona o la versión de ti misma donde finalmente puedes dejar de irte.

Y eso es lo que quiero.

No quiero una casa.

Quiero sentirme en casa.

Jakeline.

jak.line es una autora que encuentra en las palabras un refugio para sentir, comprender y acompañar.

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