Lucía se convirtió en fantasma
Narrativa - Lucía vivía en una casona de muchas puertas,pero nunca se atrevió a entrar a ninguna,la poca fuerza de su cuerpo esquelético solo le permitía entrar a su habitación, si a eso se le podía llamar habitación…
Eclipse
10/15/20264 min read
Lucía vivía en una casona de muchas puertas, pero nunca se atrevió a entrar a ninguna; la poca fuerza de su cuerpo esquelético solo le permitía entrar a su habitación, si a eso se le podía llamar habitación… un closet vacío y una cama, cama en la que descansaba su inerte cuerpo después de otro día pesado de trabajo. Siempre quiso ser escritora, pero su fuerte destino la obligó a cuidar de las almas solas y abandonadas; se encargaba del mantenimiento del panteón municipal, aunque no cuidaba de las tumbas de noche como los veladores. Ella se daba cuenta del abandono en el que cada familia tenía a sus muertos, pero ella los cuidaba aunque no supieran de ella, ni quién era, ni cómo se llamaba. Le gustaba leer las lápidas; sobre ellas yacía lo poco que podía aspirar a conocer de quienes estaban tres metros bajo tierra, no solo por su entierro, sino por el aislamiento que los desconectaba de los vivos… con sus vivos.
Era un miércoles 11 de junio y eran las 9:03 de la mañana, bastante extraño porque, a pesar de las largas jornadas, Lucía se despertaba a las 5 o a las 6 de la mañana; no le gustaba madrugar, pero si llegaba más temprano, más dinero ganaba.
Cuando se despertó, se levantó más rápido de lo que vuela una mariposa, tan rápido que por su debilidad cayó al piso, pero no le dolió. El piso no era de loseta, el piso era de lana, lana suave como una nube; hasta le dieron ganas de dormirse otra vez, tan cansada estaba que no se quería ni levantar; pero la rareza de ese piso, que pasó de loseta a lana, la consternó, no sabía qué hacer, pero averiguar lo que sucedía sería la mejor idea, en lugar de solo quedarse a dormir. Para ese punto, salir era lo más coherente que podía hacer, así que se dirigió a la cocina. Cuando bajaba por las que antes eran las escaleras, se dio cuenta de que este era un lugar en el que no había estado nunca, pero lo peor fue al bajar; notó que estaba encerrada, corrió y corrió por todos los cuartos de la casona gritando de manera desesperada.
-¡AYUDAAAAAAAAA, AYUDAAAAAAAAA!
-Alguien que me ayude, ¡ALGUIEN!
NADIE la escuchó.
Trató de buscar la llave ella sola en cada cajón de cada cuarto, hasta los que tenían telarañas.
No encontró nada.
Y ahí empezó todo…
Ese solo fue el principio de la locura que persiguió a Lucía durante los próximos 19 días, cada día más vacía la casona, que poco a poco se enredaba más en sus propios pensamientos. Pasaba horas mirando a la gente por la ventana; solo quería ser ellos. Estar en el jardín con la libertad de no controlar todas las horas de sus días. De tanto espiarlos, un día encontró algo inusual; no sabía si era su mente o las pocas horas de sueño, pero empezó a ver muertos en vida, a sus propios fantasmas.
Los veía por uno o dos segundos que, cuando volvía a parpadear, desaparecían y eso aumentó más el descontrol mental que la acechaba diariamente a todas horas.
El día número 12 de su estancia comenzó a escuchar voces; nunca supo si estaba soñando o eran de verdad. Las voces le decían: “Te alcancé”, mientras reían, probablemente tenían razón, la habían alcanzado; por más que corría, caía y la alcanzaban… la atrapaban, siempre regresaban.
Para el día número 16 comenzó a hablar sola frente al espejo; su desquicio hacía que comenzara a pensar que era la peor de sus enemigas, tanto que hasta de la inmensa rabia que comenzó a sentir azotó su cabeza contra el piso. Esa fue la primera vez, pero no la última; durante los próximos 3 días pasó lo mismo. Por cada día que pasaba sentía más rabia y, entre más rabia, más fuerte era la presión y el dolor con el que se generaban sus propias roturas.
El día 19 despertó decidida a salir de la casona extraña. Primero comenzó azotando la puerta, pero como no era tan fuerte, no logró tirarla. Utilizó su cuerpo para empujarla. El ruido cada vez era más fuerte, el dolor también. Azotó de nuevo su cabeza y en ese último golpe cayó al suelo.
Cuando Lucía despertó, pudo atravesar la puerta sin mayor problema, incluso flotando, y fue en ese momento que se dio cuenta de lo que había pasado.
Lucía ahora era un fantasma.
Lucía se convirtió en fantasma.
Al salir de la casa extraña y ver su reflejo por la ventana, notó que su apariencia no era parecida a la última vez que se insultó a sí misma en el espejo; parecía una calavera de azúcar y los dedos de sus manos parecían hilos sin fin. Lo más diferente de todo era la marca que tenía en la frente que decía LUNA; no sabía qué significaba, ni por qué le había pasado eso, solo sabía una cosa: ella siempre fue un fantasma.
Lucía siempre fue un fantasma… Los fantasmas son raros e inusuales; los vivos ignoran a los raros e inusuales.
Y ella era rara e inusual, era un fantasma.
Lucía era un fantasma.
Fotografía: Eclipse - Laura Alonso Mendoza / Eclipse


Ilustración: Eclipse - Laura Alonso Mendoza / Eclipse
Laura Alonso Mendoza-Eclipse es una creadora visual y escritora experimental del estado de Hidalgo; en su narrativa visual y escrita incluye temas como los vínculos humanos, la pérdida, la soledad y las emociones humanas.



