Eudaimonía
Escritura experimental - He intentado definir mi vida, explicar lo que me vulnera, lo que puedo crear y aquello que me complementa; pero entonces vuelvo a cuando era pequeña. Mis padres decían que sería una grandiosa doctora, ingeniera, abogada o, incluso, tal vez dentista.
Jak.line
9/22/20263 min read


Imagen: Eclipse - Julia Flandez / Astroflor
He intentado definir mi vida, explicar lo que me vulnera, lo que puedo crear y aquello que me complementa; pero entonces vuelvo a cuando era pequeña. Mis padres decían que sería una grandiosa doctora, ingeniera, abogada o, incluso, tal vez dentista. ¿Lo raro? Siempre fue no saber qué camino iba a escoger. Crecí creyendo que podría ser lo que mi ser quisiera, pero todos decían que, para ser una gran artista, tendría que tener talento; para estudiar Medicina, tendría que empezar, desde el primer momento, estando segura; para poder ser maestra, me faltaba empatía; para poder, simplemente, ser, tendría que cumplir con lo que los demás veían en mí y esperaban que diera. Entonces, ¿quién soy yo?
Siempre soñé con ser la mejor profesionista. Me la pasaba pensando en un futuro en el que podría decir que soy feliz con lo que hago; donde la costumbre no me alcanzara, donde los hobbies me llenaran y, sobre todo, donde existiera eso: el claro sentimiento al que todos llamaban "disfrutar de vivir".
Qué bien es decir que estaba superfeliz de terminar mi carrera y que, obviamente, sabía hacia dónde ir, lo que haría y cómo mi vida iba a estabilizarse de la mejor manera, porque de eso se trata la vida: de logros, de crecer y de poder ver que todo va perfecto, que mi proceso va intacto y que he disfrutado mucho.
Mentí. Porque, ¿y si yo no quiero que sea así? ¿Y si realmente no sé qué estoy haciendo ni hacia dónde debo ir? ¿Por qué debo estar preocupada ahora por estabilizarme y seguir la misma línea de siempre? Me daba muchísima vergüenza decir que no tengo ni idea de qué quiero hacer o hacia dónde ir, que no tengo un plan concreto.
Pero debo silenciarlo, porque, ¿qué van a pensar al saberlo? Las personas de mi edad ya están en otros puntos. Veo en la calle a chicas dialogando sobre lo que les gusta, de sus carreras y de lo que las hace felices; veo soñadores que están dando todo por dar a conocer lo que hacen; veo a mis amigas buscando crear la empresa de sus sueños; veo pintores plasmando, de la mejor manera, sus ideas; veo a mis amigos de la infancia cambiando de carrera y luchando por lo que desean. Pero, ¿te das cuenta? Lo hacen por lo que su corazón les dice, por su espejo, por su reflejo, sin mirar hacia los lados; solo su lápiz, su vida, siendo los autores de su propia historia.
¿Dónde quedaron los sueños? ¿Dónde he dejado lo que me gusta? Lo olvidé por completo. Es que yo, tal vez, quiero escribir, aprender a pintar. ¡Ya sé! Lanzarme de un paracaídas o, aún mejor, iniciar otra licenciatura. O qué tal viajar y encontrar el verdadero lugar que me hace feliz.
Me da miedo. Sí, me da terror pensar que podría fracasar en algo que sueño. ¿Y si realmente no soy buena en ello? He escuchado tantas veces esa pregunta, ese límite, ese miedo a empezar, esa sensación en la que te consume la intriga de poder dar un paso más y, al mismo tiempo, te jalan los cuestionamientos.
Fue entonces cuando empecé a escribir. Agarré una libreta, tomé un lapicero y recordé que quería ser escritora, que quería dejar un granito de mis pensamientos, que quería que, cuando alguien lo leyera, me encontrara a mí. También quería empezar a encontrar mis hobbies, mi lugar y mi casa; no la que todos esperan, como una ciudad llena de luces o un lugar tranquilo entre las montañas, e incluso tal vez llegar a cualquier pueblito donde nadie me ubicara. Más bien, quería sentirme en casa.
Quería empezar a descubrir lo que me hace feliz, además de mis letras. No quería ahogarme pensando en qué sería lo mejor; más bien, quería descubrir qué me haría sentir mejor, conmigo y con las personas que amo, para poder contarles a mis nietos que pude, antes de morir. Sí, yo supe vivir.
Porque el miedo nunca fue no poder. El miedo era descubrir quién sería si dejaba de vivir para los ojos de los demás y empezaba a vivir para los míos.
Jakeline.


Imagen: Eclipse - Julia Flandez / Astroflor
jak.line es una autora que encuentra en las palabras un refugio para sentir, comprender y acompañar.



